viernes, 29 de febrero de 2008

El último viaje (cap. 3)

El último viaje.-





Capítulo 3.-








Esa mañana el tipo no estaba, pero había dejado un escalofriante recuerdo, el mantel se acostaba bien doblado en la mesa con tazas vacías, pero se veía manchado de rojo, el piso estaba chorreado también, y no había dudas, era sangre. Mi papá se rascó su peludo mentón preocupado y dijo: "Bueno…veamos" Desplegó el género lentamente, cuidando no manchar su polera, hasta que vimos tiras de piel ensangrentada y un cuchillo. –Nos vamos- le escuché decir mientras dejaba dinero en la mesa del dueño. Abrimos la puerta de salida, la luz matinal y helada nos reveló un dibujo en las piedras del suelo; se veía una siniestra cara sonriente al lado de lo que lucía como un código que no entendí entonces: 1R3!
-¿Debemos llamar a alguien?- pregunté.
-No time…- reflexionaba mi papá para él.
-pero…-
-vamos-
Nos subimos a la Bestia y partimos, había quedado medio choqueado, porque durante los primeros minutos, hubiera podido jurar que por el espejo se podían ver manchas rojizas en el pavimento huyendo de nosotros.
Al día siguiente ya todo se había convertido en un antiguo mal sueño, Saitam no había existido y ahora negociábamos con un sujeto gordo de overol azul grasiento para que nos vendiera su pequeño carguero; Edmond, que no era ni torpe ni flojo, recurrió a todos sus trucos para convencerlo. No lo consiguió y ya oscurecía, por lo que nos fuimos al auto a reposar; Edmond pensaba entre susurros y pensamientos mirando ese mediano pedazo de papel trazado por él, que, lleno de detalles, llamaba mapa. En él se podía ver la orilla donde nos encontrábamos, parte del océano rayado con curvas y números de tres cifras; en una orilla flotaba la isla con forma de ocarina, bajo el nombre en imprenta:" Isla de la Niebla". Papá empezó a alternar un libro con el mapa, lo hojeaba y miraba el roído trozo amarillento, se sobaba la cabeza, como queriéndose sacar ideas de ella, bostecé dos veces.
Estoy de pie, y en cuanto me siento en una roca blanca pulida, el cielo negro truena y la costa amenaza con ir en mi búsqueda. Una dama distinguida, vestida del color de las fresas se acerca a mi lado y me mira. Su cara casi no se ve, es como azul muy oscuro, no se aprecian sus facciones, ni sus agujeros nasales, sólo sus ojos, también azules, bordeados por el blanco correspondiente;
-Soyar xereum- me dice y acerca su mano a mi espalda, sin tocarme, mientras se escucha como un susurro extra o de eco.
-¿Qué?- pregunto buscando a mi papá alrededor.
-Ram xetev- repite la mujer lúgubre con el eco distorsionado.
-Pero, si…papá!!- me asusto viendo que tengo sangre en la ropa.


De repente su mano hace contacto con mi cuello, y un hielo quemante se expande en mí veloz. Entonces abrí los ojos, estaba en la Bestia, sentado, solo, y algo me había picado en el cuello. –Solo- me dije, -¿Y papá?- me insistí en voz alta. Papá no solía dejarme solo sin aviso en medio de un páramo desconocido. Intenté concentrarme en otra cosa y pensé en el sueño, ya lo había tenido cuando pequeño, siempre igual, la dama desconocida, el cielo tronando y el mar llamándome con su fragor marino.
Miré absorto en mis pensamientos el asiento del lado, estaba el mapa doblado, el libro misterioso de mi papá… eso era, por fin vería el libro aquel, sabía que me daría alguna luz sobre esta extraña aventura. Lo tomé y lo volteé, su portada sólo tenía una palabra centrada en su cuerpo marrón oscuro:"Fog". Me sonaba la palabra, pero no lo suficiente, abrí el libro, pero antes de que pudiera ver algo, un manotazo me arrebató el libro, y una arengota me retó que cómo se me ocurría tomar la única cosa que siempre te he prohibido hijo, si lo hago es por algo, que jamás creí verte desobedeciéndome y que blahblah… Muy alterado para ser él hablando conmigo, algo me ocultaba pero, bueno, sus razones tendría, ¿no?
-Ahora nos vamos- apremió.
-Pero papá, son como las 4 de la mañana- argumenté mirando la luna.
-Si, pero es que ya conseguí el carguero- encendió la Bestia.
-Que bueno, y, ¿cómo?- pregunté.
No dijo nada y llegamos pronto a la orilla cerca de la casucha del gordo de overol azul. El carguero ya estaba en posición, así que Edmond condujo la Bestia arriba de él, se bajó, trabó la rampa y se dirigió al timón con su mapa y su libro, que ahora se mostraba damnificado sin la contratapa.
Mientras nos alejábamos de la costa lentamente, noté que la luz de la casa de Mr. Gordon Blue (como lo había apodado ese día más temprano), se escapaba por una ventana negra rota, al lado de su puerta. La luna se encontraba casi lo más lejos de mí posible, debía alzar el mentón para apreciarla, fulguraba su reflejo blanquecino en las nubes aglomeradas de la noche, era un espectáculo hermoso. Luego bajé la vista y vi a mi padre comandando el carguero con su camisa oriental, y la luz de la luna la alumbraba, dejando notar manchas rojas sobre la tela; él percibió que las estaba mirando.
-Me las hice el día que nos fuimos del hostal de los aliados- dijo.
-Aah…-

1 comentario:

m.flores dijo...

:) mentí, me hice un blog para escribirte.
me gusta El último viaje
besooo

Marce