lunes, 3 de marzo de 2008

El último viaje (cap. 4)

El último viaje





Capítulo 4.-









Condujo el vehículo fluvial por dos días enteros y sus noches, sin detenerse, corrigiendo a cada instante su posición y dirección, consultando al mapa. Nos detuvimos en medio de la nada y anclamos.
Papá se volteó hacia la Bestia Infalible y ya en ella sacó dos cajas marcadas como frágiles. De la más pequeña sacó una confección pastelera, -creíste que me había olvidado- dijo. Era una torta de chocolate. De la otra sacó vasos de plástico, una botella de néctar y una de Ron, me ofreció la de néctar y empezó a beber del envase su Ron. Media botella más tarde me aseguró que me amaba, que perdón hijo si he sido un mal padre, que tu sabes Inti que todo lo que he hecho ha sido por amor, amor por ti, por mí, por tu madre. Me confesó que para obtener el carguero había tenido que entrar a la casa de Mr. Gordon Blue, para robar la llave, pero que Gordon había despertado y lo había amenazado con un azadón, que de alguna forma había terminado en sus manos haciendo fuerza contra el tórax del Mr., atravesándole la espalda irremediablemente. Pero insistía, todo era para un fin mayor que yo no podría aún comprender.
Se tomó toda la botella, y cuando empezó con la otra, lanzando la primera al océano, lloró admitiendo que durante años había buscado la localización exacta de la Isla de la Niebla, y que estábamos justo en el lugar preciso y…-NO HAY NADA!!- gritó
-Mira, todo empezó- dijo –cuando viajamos con tu madre a América, hace casi 17 años, recorrimos muchos sitios hijo, hasta llegar a Saint Sunshine, la llamada Eszri. Bueno, Fresa vio una curiosa tienda-
-Fresa!- lo detuve –¿mi madre se llamaba Fresa?- pregunté. Y él dijo que sí y volvió a sollozar, luego dio un largo trago de Ron a su garganta desgastada, mientras yo pensaba en mi sueño.
-El asunto fue- siguió –que entramos a la tienda esperando encontrar a una anciana aborigen encorvada llena de joyas simbólicas, pero no había nada ni nadie. Bueno casi- en esa parte de la historia se detuvo para vomitar por la borda y maldecir al alcohol cubano, lanzando la botella de una forma que le hizo perder la estabilidad, lo que casi le valió un pasaje al agua. Se sentó y continuó -¿Dónde me quedé?, aah sí, En la curiosa tienda había una mesa y dos sillas muy toscas, ubicadas en el flanco que daba a la entrada. De repente, de una puerta improvisada con géneros colgantes de un marco, salió nuestro personaje, que no era ni anciana, ni aborigen, ni llena de joyas; era una joven alta y derecha, desnuda y pintada completamente de diseños zoomorfos y motivos naturales, como olas y nubes. Aún recuerdo que lo que más me impresionó de ella fue que su mirada, que era lo único que se le veía en esa cara azul oscuro, me hacía sentir más desnudo que ella.
-¿No se le veían los rasgos en su cara?- dije sorprendido.
-No- respondió absorto, como viviendo de nuevo ese momento –no se le veía nada más en el rostro. Nos miró mucho rato, y no nos fuimos, no sé por qué, entonces aquél curioso ente habló su lengua y la nuestra al mismo tiempo, diciendo que pronto seríamos padres de un niño tan fuerte como el sol crespo, pero que una muerte sellaría el alumbramiento. Dijo que en Eszri se encontraba la magia necesaria para cambiar destinos, la magia de la Niebla, pero no la escuchamos, nos fuimos y seguimos viviendo en paz, aventurándonos y, dos años más tarde, en Sudamérica, naciste tú y te bautizamos como Intira Edmond. La profecía se cumplió sin esperarla, Fresa murió minutos después del parto, justo en el alumbramiento, y yo volví contigo a Eszri, en busca del oráculo, pero ella no existía más, nadie la conocía, la tienda no estaba, yo me desesperé, así que fui a la biblioteca de St. Sunshine, donde encontré este libro, en el que se describe La Niebla y sus habilidades. He viajado los últimos 15 años de mi vida contigo buscando pistas, equivocándome y hasta olvidándome a veces y viviendo un poco; y cuando creí que ya la había encontrado, que sólo debíamos llegar, me encuentro con esto, no existe, es el fin de una búsqueda infructuosa e inútil. Pensé que podría revivir a tu madre con las capacidades de la Niebla, pero no existe, sólo debía darle sangre a la niebla y conjurar la vuelta de tu mamá. Me iba a dar en sacrificio, te iba a regalar eso, pues tú mereces tenerla, yo ya lo hice, y sé que hubiera estado encantada de pasar su vida contigo-
Enmudecí ante la desesperación de mi papá, era casi demente su pensar y le creía la fantasía más con el corazón que con la mente.
Palidecí cuando me di cuenta de que la neblina empezaba a condensarse en una gruesa niebla que apenas permitía ver a tres metros de distancia. Quise abrazar a mi papá por amor, susto y mucho frío, pero yacía dormido en la cubierta del carguero, así que recogí las piernas en posición fetal y lloré alucinando con toda la información que había recibido, y luego, cuando por fin me dormí, volví a soñar con la dama, pero ahora me repetía las raras frases desnuda.

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