jueves, 17 de enero de 2008

El último viaje (cap. 1)



Prólogo.-




Bueno, querido/a lector, este el cuento que hice para el concurso de cuentos (...) PAula 2007, en el cual obtuve el Ningún lugar del año, asi que lo voy a subir, porque lo que me gusta de escribir, es poder compartir con la gente lo poco que hago




Provecho




Alessandro Avagliano, autor




El último viaje




Capítulo 1.-








Era un gran soñador, de esos que se aventuraban en las selvas buscando tesoros, y en los bosques queriendo pillar druidas. Era un gran soñador, y por eso no me explicaba como era que había estado más de año y medio tras esa tosca mesa de aglomerado tecleando datos y haciendo llamadas "importantísimas". Me sentí aburrido, nunca me acostumbré a estar más de seis meses en una localización, mucho menos en esta gran ciudad llena de gente fría y perdida, que olvidó la parte más importante de vivir, que es vivir…y los chocolates; porque esa ha sido mi fascinación en mi vida, conocer (y comer) todos los tipos de chocolates que hay donde voy.


No era productivo estar ahí, ya conocía los chocolates, la escuela aquí era aburrida, como monótona, y en clases yo soñaba con los fantásticos entes mitológicos que estaría descubriendo con mi padre, si es que este hubiese dejado su consumidor trabajo nuevo.


Hace poco encontré unas notas garabateadas en hojas disímiles y arrugadas al fondo de lo que fue alguna vez una genial mochila nueva doble cámara negra, con una capacidad que de peque o creí inagotable. Tras ordenarlas cronológicamente, en la primera se puede leer:


"Jueves 12 o 13 de Agosto
Ya van casi veinte meses aquí no aguanto más siempre tuve razón soy un animal no puedo vivir con personas, Inti tampoco mi experimento me dio la razón nos vamos ya veré donde…"



Oscurecía temprano en esa época del año, yo estaba acostado pues no había tenido un buen día entonces, ni el día anterior, ni el día anterior al anterior, y probablemente no lo tendría al día siguiente. Leía un curioso texto sobre el Ankh cuando oí el rutinario sonajeo de llaves en la puerta, luego, a las bisagras de la puerta gimiendo por lubricante, un portazo y sonó la mochila cayendo en la silla plástica, zancadas rápidas se asomaron por el pasillo y por el marco de la puerta que faltaba en mi cuarto, pero era tarde, yo ya me había hecho el dormido con el "lo que no sabe de los Egipcios" encima del estómago. –Que lástima,- se oyó –entonces guardaré esta deliciosa torta, aunque…- me dispuse a saltar y revelar que estaba despierto, pero no alcancé ni a abrir los ojos cuando Edmond ya estaba encima de mí diciendo: "¿creíste que lo había olvidado verdad? Feliz cumpleaños Inti"!!.



-¿Y la torta?- dije aún riendo.
-No hay torta, todavía…- contestó
-Mentiroso- le encaré intentando mirar qué era lo que escondía con sus manos en la espalda.
-Debes elegir una mano, pero elige bien, en una está la posibilidad de terminar la carrera de 15 años y disfrutar de las ganancias, y en la otra está el viaje más genial y alocado de tu vida y la mía- dijo.


Un tanto curioso, para nada asustado y muy ansioso esperé mientras, casi ritualmente, ponía muy calmadas las manos empuñadas a mi alcance. Pensé un poco, él se reía y comentaba que me veía sudar, sin duda que mi papá era genial, supo suplir la muerte de mi madre muy bien, aunque nunca me contó nada de ella, ni como murió, ni siquiera su nombre. Probablemente eso era lo más misterioso de mi padre, más que las veces en que para atravesar algún límite territorial se vistió de cura y me escondió en su vestido, más que cuando se compró un elefante y lo revendió tiempo después…

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