domingo, 2 de agosto de 2009

Recuerdos de una mente y un corazón rotos desde el purgatorio .

Un teclado sucio, un teléfono roto y un polera manchada.

Me levanté ese día sintiéndome un asco, no tenía nada, no podía ofrecer nada, no era nada.

Hace dos lunas, según recuerdo, me vi corriendo por la calle, desesperado y ebrio tras el auto de mi, entonces no ex, ex-polola. Como corrí, cielos, cuatro cuadras a toda velocidad rogando que se quedara sin obtener más resultado que varias arcadas desestabilizantes al parar rendido.
Volví a casa al despertar la mañana siguiente botado en la calle.

Acostumbrado a mi miseria, llevaba una cadena con la llave del departamentoen el cuello.

Entré para ver como mi mundo se había quedado vacío; no dejó ni una prenda, ni un olor, busqué algún beso escondido por todos lados...no dejó nada. Sólo olvidó el teclado del PC. no lo toqué.

Como me habían cortado el agua el día anterior, le pedí a la buena señora del depto. vecino que me llenara un bowl con agua para lavarme. Dejó que me duchara, en realidad es buena persona, incluso lamento haber dejado impregnado el olor a vómito y alcohol en la toalla que me prestó.

Desayuné o no, no recuerdo. Me eché en el suelo contra una de las murallas del pasillo, tomé el teléfono que me mantiene mi padre y empecé a llamar a eso de las una y algo de la tarde, una y otra vez porque no me contestaba. Por cada llamada que perdía me mordía un poco las uñas.

Pasadas las cinco p.m. me percaté de que me sangraban bastante lo dedos, entonces tiré el celular con vehemencia y desesperación contra la muralla, desarmándolo y rompiéndolo.

Lloré hasta el anochecer cuestionándome todo y nada. Recordé irónico cuando ella me llamaba IN-Seba en vez de Seba, porque me encontraba incapaz, inepto, inconsecuente, inservible, el señor de los "IN", por más que intenté e insistí en interponer mis buenas intenciones, le instó investigar mi inconsciente y lo encontró lleno de intensa indolencia que creyó incapaz de suplir con su inmaculada indulgencia...En ese instante mi inmunda inteligencia emocional de cero instanció mi muerte. Empecé a decir cosas cada vez más terribles, de manera que fui yo quien forzó este momento, este cuadro plástico de un tipo limpio con ropa vomitada, con los dedos empapados en sangre y un collar que más el abrimiento de una puerta simboliza el encierro que tengo dentro de mi propia asquerosa asquerosidad.

Deseé morir, tal vez, pero deseando reencarnar, quiero una segunda oportunidad. Como me encantaría limpiar las manchas de vómito y vergüenza en la ropa que llevo puesta. Quiero la chance de componer lo que tiré contra la pared: mi teléfono y mi voluntad. Déjenme sacarle el polvo a ese viejo teclado para poder tener palabras limpias en los texto de mi vida.

Me gustaría tener la oportunidad.

2 comentarios:

Marce dijo...

te amo Sandro, quiero leer de ti y tus escritos por mucho tiempo, me llenan, me hacen sentir bien, los disfruto, no deseo que teminen, teamo mi amor! te amo y extraño!

Marce dijo...

te amo! teamo tantoo